miércoles, 21 de mayo de 2014

Las causas de la Guerra
Ruso-japonesa las encontramos en una realidad que se dio desde mediados del
siglo XIX hasta principios del siglo XX: la expansión imperial. Por un lado
tenemos al Imperio Ruso que estaba empujando sus fronteras hacia el este,
Siberia ya era su territorio y habían logrado obtener del decadente Imperio
Chino la autorización de desplegar a sus tropas en el territorio de Manchuria
con la clara intensión de eventualmente ocupar la península coreana.  Por décadas los rusos no habían tenido más obstáculo
en su expansión hacia el este que la hostilidad del clima y del terreno, sin
embargo ahora comenzaba a surgir en Asia un oponente inesperado, el Imperio del
Japón, el que también había colocado su ambiciosa mirada sobre el territorio
coreano (esa era la amarga situación que tenían que enfrentar los habitantes de
aquella región, sin fuerzas armadas los coreanos no podían oponerse a la
agresión extranjera).

Pero la situación estratégica japonesa
se estaba deteriorando, por el momento el ferrocarril Transiberiano que unía a
Rusia europea con sus territorios en el Lejano Oriente aún no estaba completado,
por lo tanto los refuerzos para el ejército de Manchuria fluirían lentamente.
Sin embargo ese proyecto pronto estaría concluido y en ese momento los
refuerzos para los ejércitos rusos fluirían con gran rapidez y sería casi
imposible derrotarlos. Los japoneses eran conscientes de esa realidad, por lo
tanto sabían que tenían que actuar lo más pronto posible, y como parte de su
plan de acción tenían que acabar con la flota rusa del Lejano Oriente. Aquella tenía
dos puertos desde los cuales podía operar, Vladivostok y Port Arthur. Pero el
primero no era una ubicación ideal, ya que en invierno estaría bloqueado por el
hielo, por lo tanto el 1er Escuadrón del Pacífico, como se conocía a la flota
rusa, había sido concentrada en Port Arthur, y para triunfar los japoneses
tenían que eliminarla y así proteger el desembarco de sus tropas en la
península de Corea.

Oficialmente la guerra fue declarada
el 10 de febrero de 1904 y todos los acontecimientos de la misma se pueden resumir
con los siguientes titulares: (1) el asedio y la caída de Port Arthur, que incluye
la destrucción de la flota allí concentrada; (2) una serie de batallas
terrestres en las cuales los japoneses triunfaron una y otra vez, pero en las
cuales no lograron una victoria decisiva sobre los rusos; y (3) la total
destrucción de la Flota Rusa del Báltico en la Batalla de Tsushima el 27 de
mayo de 1905 (ver mi libro Combate-Naval 3).

Pero pese a todas las derrotas sufridas
el ejército ruso aún estaba en condiciones de seguir luchando, es más, con cada
día que pasaba recibía más refuerzos, mientras que la capacidad de combate del
Imperio Japonés ya se había agotado. Pese a sus victorias tácticas el Japón
estaba perdiendo la guerra. Y habría perdido la guerra sí no es porque el
frente interno ruso colapsó. Represión, corrupción y los desastres sufridos en
Manchuria causaron un gran malestar en Rusia y el enorme malestar llevó al asesinato
del Ministro del Interior ruso el 14 de julio de 1904 y luego del gran-duque
Sergius el 4 de febrero de 1905. Estos y más actos de protestas convencieron al
zar Nicolás II (1894-1918) a tomar una política conciliatoria y aceptó
establecer una Asamblea-Nacional. Para muchos ese organismo de estado
representaba el paso principal para establecer una monarquía-constitucional,
pero cuando se supo que aquel organismo solo sería usado para presentarle
sugerencias al zar en lugar de ser un organismo representativo las protestas estallaron
nuevamente y el zar tuvo que ceder a todas las demandas. Entonces como el
frente interno pasó a ser una mayor amenaza el 10 de junio los rusos aceptaron
ir a la mesa de negociaciones y los japoneses aceptaron la propuesta de inmediato
llegando a un tratado de paz el 23 de agosto de 1905 en el cual el Imperio
Japonés lograba ganar una gran cantidad de territorios.


Pero la victoria japonesa tuvo
mayores consecuencias. Con su victoria debilitó enormemente a Rusia y al
liberar a Alemania de su temor de una guerra en su flanco oriental la catapultó
hacia una posición de liderazgo, y así se creo un desbalance de poder en Europa
que llevaría directamente a la Primera Guerra Mundial. 



Fritz Haber 

(Breslau, 1868 - Basilea, 1934) Químico alemán conocido por su desarrollo de un método económico de síntesis del amoníaco que permitió la fabricación a gran escala de abonos y fertilizantes nitrogenados. Su descubrimiento le valió el Premio Nobel de Química en 1918.

Fue discípulo de Liebermann y profesor en Karlsruhe y Berlín. Investigó sobre la combustión y la electroquímica. Desde 1906 investigó acerca de la síntesis industrial del amoníaco, llevado a cabo por vía catalítica y a fuerte presión. En 1909, en colaboración con C. Bosch, descubrió un sistema de fijación del nitrógeno atmosférico en gran escala que permite obtener fácilmente amoníaco a partir de nitrógeno e hidrógeno con empleo de catalizadores (fundamentalmente hierro), método actualmente conocido como el proceso de Haber-Bosch. A partir de 1913 el amoníaco adquirió importancia en el proceso de fabricación a nivel mundial de abonos nitrogenados.

Hacia 1911 ocupó el cargo del recientemente fundado Instituto Kaiser Wilhelm de Química y Física, en Berlín-Dahlen. Durante la Primera Guerra Mundial participó en el proceso de fabricación de explosivos en Alemania y en el control científico de la guerra química germana, diseñando máscaras de gas y otros medios de defensa contra las armas bélicas de los aliados. En 1933 dimitió del puesto que ocupaba y emigró en protesta contra el antisemitismo. Trabajó en Cambridge y murió mientras viajaba a Israel, donde le esperaba una plaza de investigación.

domingo, 18 de mayo de 2014


El Mundo a Comienzos del Siglo XX

A comienzo del siglo XX los gobiernos europeos sostenían que tener el poderío industrial era la clave para llegar a conquistar el mundo.
Por eso países con economías débiles durante el siglo XIX, desde la segunda mitad de ese siglo intentarán equipararse en materia industrial a la próspera, por entonces sociedad de Gran Bretaña. Para ello los Estados debieron obtener el apoyo del comercio, de los bancos y de los empresarios.

Calle céntrica de Buenos Aires
a principios del siglo XX
una calle de buenos aires en 1900.GIF (20042 bytes)
Apareció con gran fuerza el sistema bancario privado, surgieron bancos hipotecarios y de inversión, especialmente en Alemania, Francia y E.E.U.U., que ayudaron a llevar fondos directamente de los ahorristas a la industria nacional.
También se canalizaron grandes capitales hacia países donde la fuente de materia prima era importante. Materia prima imprescindible en este proceso de industrialización.
Así se desarrollaron grandes empresas, fundamentalmente en E.E.U.U. Las artesanales fueron perdiendo terreno.
De modo tal que, poco a poco durante el siglo XX las potencias europeas harán el gran cambio, pero cederán su poder hegemónico frente al avance de E.E.U.U. y a Japón con crecimientos vertiginosos.
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La bella época
El advenimiento de la industria transformará a la sociedad occidental.

De aldeas y de granjas se pasará a pueblos y a grandes ciudades con altos niveles de tecnología que determinarán un cambio en la vida del hombre.

La estructura social se modificará. A los artesanos se le unirá un ejército de obreros semicalificados y no calificados de la construcción, del transporte, de la industria en general.
Aparecerá una clase media en el área de servicio, de la administración, del comercio...
Mejorará la educación, se hará más fácil de impartir, y por otra parte será imprescindible en este mundo de innovaciones permanentes
Además, las últimas décadas del siglo XIX encontrará a un hombre tranquilo sin la angustia del conflicto bélico, ya que en 1870 había terminado el último conflicto bélico en Europa, la guerra franco-prusiana. Una década después Francia se había recompuesto y pasó al frente en materia económica, entre los países europeos. Alemania comenzó a preparar el "Estado de bienestar", uno de los más generosos del mundo..
Por otro lado Estados Unidos había concluido su guerra del Caribe contra España. Esta perdió Cuba, su último baluarte en América.
Todo se daba para creer que la paz sería eterna. Nadie pensaba que en poco tiempo se encontraría el mundo envuelto en una de las guerras más cruentas de la historia.
Se creía que "la bella época" como así se la dio en llamar, sería para siempre.